Azabache
Azabache —Bueno, ya sé que cada persona debe descansar, e ir a la iglesia los domingos, pero pensé que no le importarÃa una distancia tan corta para el caballo, y sólo una vez por dÃa; le quedarÃa toda la tarde y la noche para usted… y además, ya sabe que somos muy buenos clientes.
—SÃ, señor, es verdad, y yo agradezco todos los favores, y harÃa contento y orgulloso cuanto pudiera por complacerlo a usted o a su señora, pero lo cierto es que no puedo renunciar a mis domingos, de veras que no. Según leÃ, Dios creó al hombre, y a los caballos y todos los otros animales; y en cuanto los hubo creado, tomó un dÃa de descanso, y dispuso que todos descansaran uno de cada siete dÃas. Él debe haber sabido lo que les convenÃa a ellos, y estoy seguro de que lo es para mÃ. Me siento más fuerte y saludable ahora que tengo un dÃa de descanso; también los caballos están descansados y no se fatigan con tanta rapidez. Todos los conductores de seis dÃas me dicen lo mismo; tengo más dinero que antes en la Caja de Ahorro, y en cuanto a mi esposa e hijos, señor… pues, ¡Dios me valga! ellos no aceptarÃan que volviera a trabajar siete dÃas por nada del mundo.
—¡Oh, está bien! —replicó el caballero—. No se moleste más, señor Barker; se lo pediré a otro. —Y se alejó.
Jerry me dijo: