Azabache
Azabache —Bueno, mi buen Jack, no podemos evitarlo; necesitamos nuestros domingos. ¡Polly! —agregó—. Polly, ven aquÃ.
Ella no tardó en acudir.
—¿Qué pasa, Jerry?
—Querida, el señor Briggs quiere que lleve a su esposa a la iglesia todos los domingos por la mañana. Cuando le dije que sólo tenÃa licencia para seis dÃas, insistió: «Saqué una licencia de siete dÃas, que yo se lo compensaré»; y tú sabes, Polly, que son muy buenos clientes para nosotros. Con frecuencia, la señora Briggs sale durante horas de compra, o de visita, y luego paga lo justo, como una dama, sin pedir rebaja ni hacer pasar tres horas por dos horas y media, como algunos. Además, es tarea fácil para los caballos, no como la de correr para alcanzar trenes para gente que siempre llega un cuarto de hora tarde. Si no la complazco en esto, lo más probable es que los perdamos del todo. ¿Qué te parece, mujercita mÃa?
A lo cual ella respondió con lentitud: