Azabache
Azabache Jones insistió:
—Si la religión sirviera para algo, impedirÃa que los creyentes nos hicieran trabajar los domingos, como muchos hacen, y por eso digo que la religión no es más que una farsa… Vaya, si no fuera por los concurrentes a Iglesias y capillas, no valdrÃa la pena que viniéramos un domingo, pero ellos tienen sus privilegios, como los llaman, y yo me privo de ellos. Espero que respondan por mi alma, si yo no tengo oportunidad de salvarla.
Varios hombres aplaudieron esto, hasta que Jerry dijo:
—Puede que eso suene bastante bien, pero no sirve; cada uno debe cuidar de su propia alma, a la que no se puede dejar en la puerta de otro como a un niño abandonado, esperando que él la cuide. ¿No te das cuenta? Si te ven siempre sentado en tu pescante, esperando clientes, dirán: «Si no lo tomamos nosotros, lo hará otro, y a él no le importan los domingos». Claro que no analizan el problema a fondo, pues en tal caso verÃan que si ellos no vinieran en busca de coche, de nada te servirÃa esperar. Pero la gente no siempre medita sobre estas cosas, ya que suele no convenirles hacerlo; en cambio, si ustedes, los cocheros dominicales, exigieran un dÃa de descanso, todo se arreglarÃa.
—¿Y qué harÃa la buena gente si no puede llegar hasta su predicador favorito? —inquirió Larry.