Azabache

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Mientras tanto, él iniciaba sus preparativos, sin dejar de cantar «Polly toda una mujer», canción a la cual era muy aficionado. Fui elegido para el viaje, que iniciamos a las diez en una calesa liviana, de ruedas altas, tan fácil de llevar en comparación con la berlina de cuatro ruedas, que parecía nada.

Los familiares de Dinah habitaban en una pequeña casa de campo, cercana a un prado con árboles de buena sombra, donde pastaban dos vacas.

Un joven pidió a Jerry que condujera su coche al prado, y él me alojaría en el cobertizo de las vacas, aunque habría querido tener un establo mejor que ofrecernos.

—Si sus vacas no se ofenden —repuso Jerry— a mi caballo nada le gustaría más que gozar de una hora o dos en este hermoso prado. Es tranquilo y para él sería un verdadero festín.

—Pues déjelo allí, y que le aproveche —replicó aquel joven—. Lo mejor que tengamos está a su disposición por la amabilidad que tuvo hacia mi hermana; dentro de una hora cenaremos algo, y espero que nos acompañe, aunque estando mamá tan enferma estamos un poco desorganizados.

Jerry le agradeció cortésmente, pero agregó que llevaba consigo algo de comer y prefería caminar por el prado.


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