Azabache
Azabache En cuanto me quitaron el arnés, no supe qué hacer primero: si comer pasto, rodar por el suelo, echarme a descansar, o galopar por todo el prado de puro entusiasmo al verme libre; acabé por hacerlo todo por turno. En cuanto a Jerry, parecía tan contento como yo. Sentado en una orilla, a la sombra de un árbol, escuchó cantar los pájaros; luego cantó para sí, y leyó en el librito que tanto le gusta; después vagabundeó por el prado hasta un arroyuelo, donde recogió flores y espinos que ató con largas tiras de hiedra; por último me alimentó bien con avena que había llevado consigo. Pero el tiempo transcurría con demasiada rapidez… no había estado en el campo desde que me despidiera de la pobre Bravía, en Earlshall.
Volvimos a casa a paso tranquilo, y cuando llegamos al patio, las primeras palabras de Jerry fueron:
—Bueno, Polly, al fin y al cabo no perdí mi domingo, pues las aves cantaban himnos en cada arbusto, y yo tomé parte en la ceremonia; en cuanto a Jack, parecía un potro joven.
Cuando obsequió las flores a Polly, ésta brincó de alegría.