Azabache

Azabache

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El invierno llegó temprano, con mucho frío y humedad. Durante semanas, nevó, neviscó o llovió casi todos los días, alternado con fuertes vientos o penetrantes heladas. Fue muy penoso para todos nosotros. Cuando el frío es seco, un par de mantas bien gruesas nos mantienen calientes, pero cuando nos empapa la lluvia, éstas no tardan en mojarse y no sirven para nada. Algunos conductores tenían una cubierta impermeable, con la cual nos cubrían; esto era una gran cosa.

Pero algunos eran tan pobres, que no podían protegerse ellos mismos ni a sus caballos, y muchos de ellos sufrieron bastante aquel invierno. Una vez que trabajábamos medio día, los caballos regresábamos a nuestros establos secos y podíamos descansar; los conductores, por el contrario, debían permanecer sentados en sus pescantes, a veces hasta la una o dos de la mañana, si tenían que esperar a alguien.

Lo peor para nosotros, los caballos, era cuando las calles estaban resbalosas por la helada o la nieve; recorrer así un kilómetro, teniendo que arrastrar un peso y sin poder afirmarnos, nos agotaba más que cuatro por buen camino. Para conservar el equilibrio, tenemos que poner en tensión cada nervio y músculo del cuerpo; además, el temor de caer agota más que ninguna otra cosa. Si los caminos son muy malos, nos colocan herraduras labradas, pero esto al principio nos pone nerviosos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker