Azabache

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Cuando el tiempo era muy malo, muchos hombres iban a sentarse en la taberna cercana, dejando alguien que vigilara por ellos, pero de este modo solían perder clientes. Además, como decía Jerry no podían permanecer allí sin gastar dinero.

Él no iba nunca al «Sol Naciente». Había una cafetería cercana donde iba de vez en cuando; si no, compraba, algo a un anciano que recorría nuestra fila con latas de café caliente y pasteles. Según opinaba Jerry, los licores y la cerveza daban más frío después; en cambio, ropas secas, buena comida, alegría y una esposa comprensiva en casa eran lo mejor para mantener confortable a un cochero.

Cuando no podía volver a casa, Polly siempre le alcanzaba algo para comer. A veces se veía a la pequeña Dolly asomarse a la esquina, para ver si «papá» se encontraba en la parada. Si lo veía, echaba a correr y no tardaba en regresar llevando, en una lata o cesta, alguna sopa o budín caliente que Polly tenía preparados.

Era maravilloso ver cómo aquella pequeña era capaz de cruzar sana y salva esa calle con frecuencia atestada de caballos y carruajes; pero era una mujercita muy valiente, que consideraba todo un honor llevar a papá «su primer plato» como decía él. Era la favorita de todos en la parada, donde no había nadie que no la hubiera ayudado a cruzar la calle, si Jerry no hubiese podido hacerlo.


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