Azabache
Azabache —Está en cama, enfermo —respondió el recién llegado— anoche se enfermó en el patio, de modo que apenas si pudo arrastrarse hasta su casa. Su esposa envió esta mañana a uno de sus hijos para avisar que su padre tenÃa mucha fiebre y no podrÃa salir. Por eso vengo en su lugar.
El dÃa siguiente apareció el mismo hombre.
—¿Cómo está Sam? —quiso saber el Patrón.
—Se fue —repuso el nuevo.
—¿Que se fue? ¿No querrás decir que murió?
—Precisamente —respondió el otro—. Murió esta mañana a las cuatro… Ayer se pasó el dÃa delirando… hablaba de Skinner, y de que no tenÃa domingos. «Nunca tuve un domingo de descanso» fueron sus últimas palabras.
Durante un rato, nadie dijo palabra. Por fin, el Patrón manifestó:
—Compañeros, esto es un aviso para todos.