Azabache
Azabache —Y bien; el que se enriquece con esas actividades podrá ser muy bueno en ciertas cosas, pero es ciego en cuanto a lo que necesitan los trabajadores; en conciencia, yo no podrÃa enviarlo a que hiciera las leyes. Supongo que se disgustarán, pero cada uno debe hacer lo que considere mejor para su paÃs.
La mañana anterior a la elección, Jerry me uncÃa a las varas cuando entró Dolly en el patio, sollozando y llorando, con su vestidito azul y delantal blanco manchados de barro.
—Pero, Dolly, ¿qué te pasa?
—Esos niños malvados —sollozó ella— me tiraron barro y me llamaron pequeña… pequeña…
—La llamaron pequeña pÃcara azul —explicó Harry, que llegó en ese momento muy enojado— pero ya les ajusté las cuentas, de modo que no vuelvan a insultar a mi hermana. ¡Les di una tunda que no olvidarán, ese hato de bribones anaranjados cobardes!
Besando a su hija, Jerry le dijo: