Azabache
Azabache Ni Jerry ni yo habÃamos comido muchos bocados, cuando apareció una pobre joven que llevaba un pesado niño en brazos, y miraba a un lado y otro, con aire muy perplejo. Por fin se acercó a Jerry para preguntarle si podÃa indicarle cómo llegar al hospital de Santo Tomás, y a qué distancia quedaba. HabÃa llegado del campo esa mañana, en una carreta que iba al mercado, sin saber que era dÃa de elecciones. Aunque forastera en Londres, habÃa obtenido una orden para internar en el hospital a su hijito, que lloraba débil y quejumbrosamente.
—¡Pobrecito! —agregó ella— sufre mucho dolor aunque tiene cuatro años, no anda más que si fuera un bebé, pero el médico dijo que si lo llevaba al hospital, acaso mejorara. DÃgame, señor, ¿está lejos? ¿Y dónde debo ir?
—Pero, señora, ¡no podrá llegar entre semejante multitud! Queda a tres kilómetros de distancia, y ese niño es pesado.
—Sà que lo es, bendito sea, pero gracias a Dios, yo soy fuerte, y sabiendo cómo llegar, creo poder hacerlo de algún modo; indÃqueme el camino, por favor.
—No puedo hacerlo, podrÃan atropellarla y arrollar al niño. Escuche, suba a mi coche, que yo la conduciré sana y salva al hospital. ¿No ve que está por llover?