Azabache
Azabache —¡Barker! ¡Jeremiah Barker!, ¿es usted? Me alegro mucho de encontrarlo; usted es justamente el amigo que necesito, ya que es muy difÃcil conseguir coche hoy en esta zona de Londres.
—La serviré orgulloso, señora; me alegro mucho de haberme encontrado aquà en este momento. ¿Adónde puedo llevarla?
—A la estación de Paddington, y si llegamos con tiempo de sobra, como creo, podrá contarme cómo están Mary y los niños.
En efecto, llegamos a la estación con tiempo de sobra, y ya bajo techo, la señora pasó largo rato hablando con Jerry. Descubrà asà que habÃa sido patrona de Polly. Después de muchas preguntas sobre ella, inquirió:
—¿Qué tal le resulta trabajar de cochero en invierno? Sé que el año pasado, Mary estuvo muy inquieta por usted.
—Asà es, señora, tuve una fuerte tos que me acompañó hasta la temporada cálida, y cuando trabajo hasta tarde ella se preocupa mucho. Es que trabajo a toda hora y en toda clase de climas, lo cual pone a prueba al estado fÃsico de un hombre, pero me arreglo bastante bien, y me sentirÃa completamente perdido sino tuviera caballos que cuidar. Fui criado para eso y me temo que no servirÃa para otra cosa.