Azabache
Azabache —Con mucho trabajo, durante varias semanas… Aunque nunca me embriaguĂ©, comprobĂ© que no era mi propio dueño, y que cuando me daban esas ansias, me costaba decir «no». Entonces comprendĂ que uno de los dos debĂa ceder… el demonio de la bebida o Jerry Barker; y decidĂ que con ayuda de Dios, no serĂa Jerry Barker. Pero fue una verdadera lucha, en la cual necesitĂ© toda la ayuda posible, pues hasta que intentĂ© deshacerme del vicio no supe quĂ© fuerte era… Polly se esforzĂł por alimentarme; cuando me daban ganas, yo solĂa servirme una taza de cafĂ©, o un poco de esencia de menta, o leer un poco de mi libro, y eso me ayudaba. A veces tenĂa que repetirme una y otra vez: «¡Abandona la bebida o perderás el alma! ¡Abandona la bebida o destrozarás el corazĂłn de Polly!». Pero, gracias a Dios y a mi querida esposa, rompĂ esas cadenas, y ya hace diez años que no bebo una gota ni deseo hacerlo jamás.
—Ganas tengo de probarlo —declaró el Patrón— pues no ser dueño de sà mismo es malo de verdad.
—¡Hágalo, PatrĂłn, hágalo, que nunca se arrepentirá! Y ¡quĂ© bien le harĂa a algunos pobres tipos de esta parada ver que usted deja la bebida! SĂ© de dos o tres que quisieran mantenerse alejados de esa taberna, si pudieran.