Azabache
Azabache —Éste no tiene nada de mañas —repuso el otro— tiene boca muy tierna, y por mi parte pienso que ésa fue la causa del accidente. HacÃa mal tiempo, no habÃa tenido ejercicio suficiente, y cuando por fin salió, estaba saltarÃn como un globo. Nuestro jefe, me refiero al cochero, lo hizo enjaezar tan apretado y fuerte como pudo, con la gamarra, la rienda tensa y una barbada muy afilada, y las riendas, colocadas en la última anilla; yo creo que eso enfureció al caballo, siendo como era de boca sensible y muy brioso.
—Es muy probable; iré a verlo —anunció Jerry.