Azabache
Azabache Nadie volvió a aparecer hasta entrada la mañana siguiente, cuando llegó Harry, que nos limpió y alimento, y barrió las casillas; luego volvió a cambiar la paja como si fuera domingo. Estaba muy silencioso, sin cantar ni silbar. A mediodía fue de nuevo a darnos comida y agua, esta vez acompañado por Dolly, que lloraba. Por lo que dijeron, comprendí que Jerry estaba gravemente enfermo, y que, según el médico, el caso se presentaba mal. Así transcurrieron dos días de inquietud para la familia. Solamente veíamos a Harry, y a veces a Dolly. Creo que ella venía en busca de compañía, pues Polly acompañaba siempre a Jerry, a quien había que mantener muy silencioso.
El tercer día, mientras Harry se encontraba en el establo, llamaron a la puerta y entró el Patrón Grant.
—Hijo mío, no quise ir a la casa, pero quiero saber cómo sigue tu padre.
—Bastante mal, no puede estar peor —repuso el niño—. Lo llaman bronquitis, y dice el médico que esta noche tendrá un desenlace.
—Malo, muy malo —murmuró Grant, meneando la cabeza—. Sé de dos hombres que murieron de eso la semana pasada… Pero mientras hay vida hay esperanza, así que, conserva el ánimo.