Azabache
Azabache —El caballerito sabe lo que dice, señor… Es el caso que este caballo sufrió por exceso de trabajo en los coches de alquiler. No es viejo, y oà decir que, según el veterinario, seis meses de descanso lo repondrÃan, ya que no tenÃa los pulmones estropeados. Lo he tenido a mi cargo estos últimos diez dÃas y nunca he conocido animal más agradecido y tranquilo… Para un caballero, valdrÃa la pena pagar cinco libras por él y darle una oportunidad. Apuesto a que para la próxima primavera valdrÃa veinte libras.
El anciano caballero rió, y su nieto lo miró con ansiedad.
—¡Oh, abuelo!, ¿no dijiste que habÃas vendido el potro por cinco libras más de lo que esperabas? Si compraras éste, no quedarÃas más pobre.
El granjero me palpó con lentitud las patas, que tenÃa muy hinchadas y resentidas; luego me miró la boca antes de dictaminar:
—Calculo que tendrá trece o catorce años… Hágalo trotar un poco, ¿quiere?
Arqueé mi pobre pescuezo flaco, levanté un poco la cola y movà las patas lo mejor que pude, aunque las tenÃa muy tiesas.
—¿Cuál es su último precio? —preguntó el estanciero cuando volvÃ.
—Cinco libras, señor; es lo menos que aceptará mi patrón.