Azabache
Azabache Me condujeron a aquella casa, donde me instalaron en un establo cómodo, y después de alimentarme, me dejaron solo. Al dÃa siguiente, mientras me limpiaba la cara, mi mozo de cuadra comentó:
—Tiene una estrella igual a la que tenÃa Azabache, y es de la misma estatura… ¿dónde estará ahora?
Poco después llegó al sitio de mi pescuezo donde me habÃan hecho una sangrÃa, y donde quedaba un pequeño nudo en la piel. Entonces tuvo un sobresalto, y se puso a examinarme minuciosamente, mientras hablaba para sÃ:
—Una estrella blanca en la frente, un pie blanco, este nudito en ese preciso sitio… —y mirándome el lomo— y por mi vida, aquà está ese trocito de pelo blanco que John solÃa llamar «los tres peniques de Azabache». ¡Tiene que ser él! ¡Mi buen Azabache!, ¿no me reconoces? ¡Soy Joe Green, el que casi te mató!
Y, diciendo esto, se puso a palmearme, como dominado por el júbilo. Por mi parte, no podÃa decir que lo recordara, pues ahora era un joven muy bien plantado, de negro bigote y voz de hombre, pero viendo que me reconocÃa, y que sin duda serÃa Joe Green, me alegré muchÃsimo. Le acerqué la nariz y procuré decirle que éramos amigos. Nunca vi a nadie más complacido.