Azabache
Azabache —No existe razón alguna, salvo la moda —continuó él—. Dicen que un caballo se asustarÃa tanto de ver detrás las ruedas de su propio carruaje, que se espantarÃa con toda seguridad, aunque lo cierto es que cuando lo montan, las ve por todas partes, en las calles transitadas. Admito que, a veces se acercan demasiado, y resulta desagradable, pero no escapamos, nos habituamos a ellas y comprendemos.
Si nunca nos pusieran anteojeras, jamás nos harÃan falta; verÃamos lo que hay, sabrÃamos qué es, y nos asustarÃamos mucho menos que al ver sólo trozos de cosas que no entendemos. Claro que puede haber caballos asustadizos, que han sido lastimados o atemorizados en su juventud; acaso a ellos les convengan, pero como nunca lo fui, no sabrÃa decirlo.