Azabache
Azabache —Bueno, señor, es que vi cómo su hijo azotaba, golpeaba y pateaba a ese pobre animal de una manera vergonzosa, porque no querÃa saltar un cercado demasiado alto para él. El pony se portaba bien, sin maldad alguna, pero acabó por encabritarse y arrojar al jovencito en el seto espinoso. Quiso que lo ayudara, pero… y le ruego que me disculpe, señor, no quise hacerlo. No se le rompió ningún hueso, recibirá apenas algunos arañazos.
Al oÃrlo, la madre rompió a llorar, exclamando:
—¡Ay!, mi pobre Bill. Tengo que ir en su busca, debe estar lastimado.
—Mejor será que vuelvas a casa —le indicó el granjero—. Bill merece una lección por esto y yo me ocuparé de que la reciba… No es la primera ni la segunda vez que maltrata a ese pony, y debo poner fin a esa conducta. Le agradezco mucho, Manly. Buenas noches.
Fue asà como reanudamos la marcha, durante la cual John no cesó de reÃr por lo bajo. Cuando le contó a James lo sucedido, éste rió también, diciendo: