Azabache
Azabache —No, señor, de ninguna manera, y si alguien ha estado diciendo eso de James, no lo creo, ni pienso creerlo hasta que lo haya visto demostrado ante testigos. No sé quién puede haber calumniado a James, pero sà puedo decirle que nunca tuve en este establo un ayudante más fiel, inteligente y tratable, en cuya palabra y trabajo puedo confiar. Es bondadoso y listo con los caballos, y preferirÃa dejarlos en sus manos antes que en las de la mitad de los jóvenes de encaje y librea que conozco. Si alguien quiere saber cómo es James Howard, que venga a verme —concluyó con un decidido movimiento de cabeza.
Mientras tanto, el amo lo escuchaba serio y atento, pero en cuanto John finalizó su discurso, sonrió ampliamente, y mirando cordialmente a James, que permanecÃa inmóvil en la puerta, exclamó: