Azabache
Azabache —James, hijo mÃo, deja esa avena y ven aquÃ… Me alegro de comprobar que la opinión de John sobre ti concuerda de manera tan exacta con la mÃa propia. John es hombre cauteloso, cuya opinión sobre la gente no siempre es fácil obtener; por eso pensé que, si lo interrogaba, me enterarÃa pronto de lo que deseaba saber. De modo que, al grano… He recibido una carta de mi cuñado, Sir Clifford Williams, de Clifford Hall, pidiéndome que le encuentre un caballerizo joven y digno de confianza, que conozca su oficio. Su anciano cochero, que vive con él desde hace veinte años, se está debilitando, y le hace falta un hombre que lo ayude y aprenda sus tareas, de modo que pueda reemplazarlo cuando se jubile. RecibirÃas al principio dieciocho chelines semanales, un traje para el establo, otro para conducir, un dormitorio sobre la cochera, y un muchacho a tus órdenes. Sir Clifford es un buen amo, y si consigues el puesto, serÃa un buen comienzo para ti. Por otro lado, no quiero desprenderme de ti, y sé que si te vas, John perderá su mano derecha.
—Asà es, señor, pero no me interpondrÃa en su futuro por nada del mundo —declaró John.
—¿Qué edad tienes, James? —quiso saber el amo.
—En mayo que viene cumpliré diecinueve, señor.
—Eres muy joven… ¿Qué le parece, John?