Azabache
Azabache —Bueno, señor, es joven, sÃ, pero tan responsable como un hombre, fuerte y bien desarrollado, y aunque no ha tenido mucha experiencia para conducir, tiene mano liviana y firme, mirada rápida y es cuidadoso. Estoy completamente seguro de que ningún caballo suyo quedará estropeado por descuidos de su parte.
—Tu palabra será decisiva, John —anunció el amo— ya que Sir Clifford añade en una posdata: «Si pudiera encontrar un hombre entrenado por John, lo preferirÃa a cualquier otro». Asà que, piénsalo James; consulta a tu madre durante la cena, y luego comunÃcame tu decisión.
Pocos dÃas después de esta conversación, quedó definitivamente establecido que James partirÃa para Clifford Hall un mes o un mes y medio más tarde, como más conviniera a su amo. Mientras tanto, practicarÃa conduciendo todo lo posible.
Fue maravilloso ver entonces a cuántos sitios de la ciudad iba el amo el sábado, y por qué extrañas calles nos conducÃan. No dejaba de ir a la estación ferroviaria en el momento en que llegaba el tren, cuando berlinas y carruajes, carretas y ómnibus, pretendÃa pasar el puente al mismo tiempo. Cuando sonaba la campana del ferrocarril, ese puente requerÃa buenos caballos y buenos conductores, ya que era estrecho y habÃa un desvÃo brusco hacia la estación, donde no habrÃa sido difÃcil chocar si no se andaba con tiento.