Azabache
Azabache —Me gusta oÃrlo hablar; asà decimos también en casa, en la del amo —declaró James.
—¿Quién es su amo, jovencito?, si me permite la pregunta. Por lo que veo, se dirÃa que es una buena persona.
—Es el caballero Gordon, de Parque Birtwick, del otro lado de las colinas de Beacon —explicó James.
—¡Ah, sÃ, sÃ!, he oÃdo hablar de él. Gran conocedor de caballos, ¿verdad? ¿El mejor jinete del paÃs?
—Asà lo creo, aunque ahora monta muy poco, desde que se mató su pobre hijo.
—Ah, ¡pobre caballero! Recuerdo haberlo leÃdo en el diario en ese momento… También se mató un hermoso caballo, ¿verdad?
—SÃ, un espléndido animal, hermano de éste, y muy parecido a él.
—¡Qué pena, qué pena! —exclamó el anciano—. Si mal no recuerdo, era un mal sitio para saltar… con un cerco delgado arriba, y una ribera empinada hasta el arroyo, ¿no? Ningún caballo podÃa haber visto por dónde iba. Bueno, yo soy tan partidario como cualquiera de cabalgar con audacia, pero asà y todo hay ciertos saltos que sólo un cazador muy experimentado debe intentar. La vida de un hombre y la de un caballo valen más que la cola de un zorro; por lo menos, yo opino que asà debe ser.