Azabache
Azabache La mañana siguiente, el amo fue a ver cómo estábamos y a hablar con James. No oí gran cosa, pues el mozo de cuadra me estaba fregando, pero noté que James parecía muy contento, y que el amo se mostraba orgulloso de él.
Tanta alarma había pasado por la noche el ama, que la partida fue postergada hasta la tarde. Con la mañana libre, James se dirigió primero a la hostería, para revisar nuestros arneses y el carruaje, y luego fue en busca de noticias sobre el incendio. Cuando regresó, le oímos hablar de él con el mozo de cuadra.
Al principio, nadie lograba explicarse cómo había comenzado el fuego. Por fin un hombre dijo haber visto que Dick Towler entraba en el establo con una pipa en la boca, y que al salir no la tenía y fue a la taberna en busca de otra. Entonces, el segundo mozo de cuadra declaró haber pedido a Dick que subiera la escalera en busca de un poco de heno, aunque indicándole que antes dejara la pipa. Dick negó haberla llevado consigo, pero nadie le creyó.
Recordando la regla de John Manly, de no permitir nunca una pipa en el establo, pensé que debería regir en todas partes.
James contó que el techo y el piso se habían hundido, y que sólo quedaban las paredes ennegrecidas. Los dos pobres caballos a los que no se pudo sacar quedaron enterrados bajo las vigas y baldosas quemadas.