Azabache
Azabache El resto del viaje resultó muy fácil; poco después del crepúsculo llegamos a la residencia del amigo de mi amo. Allí nos condujeron a un establo limpio y espacioso, donde un bondadoso cochero nos acomodó. Cuando se enteró de lo del incendio, expresó una alta opinión de James, diciendo:
—Una cosa está clara, joven… Sus caballos saben en quién pueden confiar. Sacar a los caballos del establo cuando hay incendio o inundación es una de las cosas más difíciles del mundo… No sé por qué se resisten a salir, pero ni siquiera uno en veinte lo hace…
Nos detuvimos dos o tres días en aquel lugar, y luego regresamos a casa. No hallamos inconvenientes en el trayecto, nos alegramos de estar de nuevo en nuestro establo, y John también se alegró de vernos.
Antes de alejarse, James comentó:
—Me pregunto quién me reemplazará…
—El pequeño Joe Green —repuso John.
—¡Joe Green! ¡Pero si es un niño!
—Tiene catorce años y medio —observó John.
—Pero ¡es tan pequeño!
—Sí pero también es rápido, voluntarioso y bueno; tiene muchas ganas de venir, a su padre le agradaría, y sé que al amo le gustaría darle esta oportunidad. Me dijo que si yo pensaba que no serviría él buscaría un muchacho más corpulento, pero le contesté que estaba dispuesto a probarlo durante seis semanas.