Azabache
Azabache Con un tono que casi me sobresaltó, John repuso:
—¡Sólo ignorancia! ¡Sólo ignorancia! ¿Cómo puedes decir sólo ignorancia? ¿No sabes que, después de la maldad, la ignorancia es lo peor que existe? Y sólo si Dios sabe cuál hace más daño. La gente cree que con decir: «¡Ah!, no sabía, no quise perjudicar a nadie», todo queda arreglado. Supongo que Martha Mulwash no se propuso matar a ese bebé cuando lo atosigó de jarabes calmantes, pero el caso es que lo mató y fue procesada por homicidio.
—Y merecido lo tuvo —agregó Tom—. Ninguna mujer debería ponerse a cuidar a un pequeñuelo sin saber qué es lo bueno y lo malo para él.
John prosiguió:
—Bill Starkey no se propuso provocar un ataque de terror a su hermano cuando se disfrazó de fantasma y lo persiguió a la luz de la luna, pero lo hizo, y ahora ese jovencito tan listo y bien parecido, que podía haber sido el orgullo de cualquier madre, no es más que un idiota, y no se curará más, aunque llegue a vivir ochenta años. Tú mismo te alteraste bastante hace dos semanas, cuando esas señoritas dejaron abierta la puerta de tu invernadero, dejando que entrara el viento frío; dijiste que mató unas cuantas de tus plantas…