Azabache
Azabache —¿Unas cuantas? —repitió Tom—. No quedó un solo brote tierno sin arrancar… Tendré que plantar todo de nuevo, y lo peor es que no sé dónde conseguirlos nuevos. Casi enloquecà cuando entré y vi lo que hicieron.
—Sin embargo, estoy seguro de que esas señoritas no se propusieron hacer eso… ¡fue sólo ignorancia! —concluyó John.
No oà nada más de esta conversación, pues la medicina surtió efecto, haciéndome dormir, y por la mañana me sentà mucho mejor. Pero, cuando llegué a conocer mejor el mundo, pensé a menudo en las palabras de John.
Joe Green adelantaba muy bien; aprendÃa con rapidez, y tan atento y cuidadoso era que John comenzó a encomendarle muchas cosas. Sin embargo, como ya dije, era pequeño para su edad, de modo que pocas veces se le permitÃa ocuparse de BravÃa o de mÃ. Pero una mañana aconteció que John habÃa salido con Justice en la carreta de los equipajes, y el amo querÃa hacer llegar inmediatamente un mensaje a la casa de un caballero, situada a unos tres kilómetros de distancia. De modo que envió órdenes a Joe para que me ensillara y llevara el mensaje, agregando la recomendación de que montara con cuidado.