Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra que pelearon contigo. ¿Acaso, con la mÃa,
él no desprestigió tu autoridad,
y su guerra no se opuso a mis deseos,
compartiendo yo tu causa? En mis cartas
ya te convencÃ. Si tejes una disputa,
por mucho material de que dispongas,
éste no te sirve.
CÉSAR
Te ensalzas imputándome un error de juicio,
pero tú sà tejiste tus excusas.
ANTONIO
Nada de eso. Yo sabÃa
que por fuerza —estaba convencido—
te vendrÃa al pensamiento la idea de que yo,
tu aliado en una causa que él combatÃa,
no verÃas con buenos ojos una guerra
contraria a mi propia paz. Respecto a mi mujer,
ojalá encuentres tú su brÃo en otra.
Un tercio del mundo es tuyo, y lo puedes llevar
con poco freno, mas no a una mujer asÃ.
ENOBARBO
¡Ojalá fueran asà nuestras esposas, para llevarnos mujeres a la guerra!
ANTONIO
Era indomable, César; sus tumultos,
nacidos de la impaciencia —y no carentes
de afán calculador—, admito con pena