Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Enfrentadas la prudencia y la fortuna,
si la primera se atreve a decidir,
no hay azar que la perturbe. PermÃteme
que te ofrezca mis respetos en tu mano.
CLEOPATRA
El padre de tu César[47],
cuando soñaba con tomar imperios,
solÃa poner sus labios en ese indigno sitio
en un llover de besos.
Entran ANTONIO y ENOBARBO.
ANTONIO
¿Conque favores? Por Júpiter tonante,
¿tú quién eres?
TIDIAS
Uno que sólo cumple órdenes
del hombre más perfecto y el más digno
de ser obedecido.
ENOBARBO [aparte]
Te van a azotar.
ANTONIO
¡Que venga alguien! — ¡Ah, sanguijuela! — ¡Dioses, diablos!
Mi autoridad se hunde. Hace poco los llamaba
y, como crÃos en rebatiña, los reyes acudÃan
diciendo: «¿Qué deseas?» — ¿No me oÃs? —
Aún soy Antonio.
Entran criados.