Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Sale MARDIÓN.
¡Vamos, quítamela! —
Ni el escudo de Áyax, de siete pieles, me protege
el corazón de un golpe así. ¡Pecho, rómpete!
Corazón, ¡sé más fuerte que mi pecho,
revienta tu envoltura! — Eros, date prisa.—
Soldado ya no soy. Adiós, maltrecha coraza,
te llevé con nobleza.— Déjame un momento.
Sale EROS.
Voy a alcanzarte, Cleopatra; imploraré
perdón. Así tiene que ser, pues ahora
toda espera es un tormento. Extinguida ya
la luz, échate y no sigas. Ahora todo empeño
se malogra; hasta la fuerza se enmaraña
al esforzarse. Punto y acabamos.—
¡Eros! — Ya voy, mi reina.— ¡Eros! — ¡Espérame!
Donde las almas yacen sobre flores, iremos
airosos de la mano y los espectros mirarán.
Dido y Eneas perderán su comitiva
y toda la corte será nuestra.— ¡Ven, Eros! ¡Eros!
Entra EROS.
EROS
¿Qué desea mi señor?
ANTONIO
Desde que ha muerto Cleopatra