Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Te dignas venir a visitarme,
haciéndole el honor de tu grandeza
a esta humilde, y mi propio servidor
aumenta la suma de mis males
añadiendo su maldad. César, ¿y si me hubiera
reservado unas cosillas de mujer,
minucias sin valor, pequeñeces
para obsequiar a las amigas? ¿Y si hubiera
guardado alguna prenda más valiosa
para Livia[67] y Octavia por lograr
su mediación? ¿Por eso ha de traicionarme
uno al que he criado? ¡Dioses! Me hunde
más que mi caída.— Anda, vete
antes que asomen las brasas de mi ánimo
en las cenizas de mi suerte. Si fueras hombre,
yo habría de darte lástima.
CÉSAR
Retírate, Seleuco.
[Sale SELEUCO.]
CLEOPATRA
Sépanlo todos: a los grandes se nos juzga
por errores ajenos y, caídos,
respondemos de las culpas de otros.
Por eso se nos debe lástima.
CÉSAR
Cleopatra, ni lo que has guardado o declarado
constará como despojo. Tuyo sea,