Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra de uva egipcia mojará estos labios.
¡Vamos, Eira, rápido! Parece
que me llama Antonio. Le veo alzarse
y alabar mi noble acción. Le oigo reÃrse
de la suerte de César, que los dioses dan al hombre
para luego exculparse del castigo. ¡Ya voy, esposo!
¡Mi valor me autorice a usar tal nombre!
Soy fuego y aire; mis otros elementos[71]
los doy a la vida ruin. ¿Qué, ya está?
Entonces tomad el último calor de mis labios.
Adiós, querida Carmia. Eira, un largo adiós.
[Las besa. EIRA cae muerta[72].]
¿Tengo el áspid en los labios? ¿Mueres?
Si tú y la vida os separáis con tal dulzura,
el golpe de la muerte es cual pellizco de amante,
que duele y se desea. ¿Yaces tan quieta?
Si asà te vas, le estás diciendo al mundo
que no merece despedida.
CARMIA
¡Disuélvete en lluvia, nube espesa,
que yo pueda decir que hasta los dioses lloran!
CLEOPATRA
Esto me envilece.
Si el pulcro Antonio ve primero a ella,
cuando le pregunte, le dará el beso