Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra y con un ejército potente.
POMPEYO
¿Quién te lo ha dicho? Es falso.
MENAS
Silvio, señor.
POMPEYO
Ése sueña. Sé que están los dos en Roma
confiando en Antonio. Ardiente Cleopatra,
¡la magia del amor avive tus pálidos labios!
Que hechizos y belleza, y con ellos el placer,
apresen al vicioso en guerras de banquetes,
nublándole el cerebro; cocineros epicúreos[17]
abran su apetito con salsas golosas,
para que el sueño y la comida le adormezcan
el honor hasta el olvido del Leteo…[18]
Entra VARIO.
¿Qué hay, Vario?
VARIO
El mensaje que traigo es verdadero:
a Marco Antonio se le espera en Roma
a cada instante. Desde que salió de Egipto
ha tenido tiempo para un viaje más largo.
POMPEYO
A un asunto menos grave prestaría
mejor oído. Menas, nunca imaginé
que este amante insaciable se pondría el yelmo
por tan mísera guerra. Como soldado