El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia SOLANIO
Aquí llega otro de su estirpe. Un tercero no se encuentra, a no ser que el diablo se vuelva judío.
Salen señores [con el criado].
SHYLOCK
¿Qué hay, Túbal? ¿Qué noticias de Génova? ¿Has encontrado a mi hija?
TÚBAL
He estado donde hablaban de ella, pero imposible encontrarla.
SHYLOCK
¡Ay, ay, ay, ay! ¡Se me ha ido un diamante que me costó dos mil ducados en Fráncfort![40] Hasta hoy no había caído la maldición sobre nuestro pueblo, hasta hoy jamás la sentí. Dos mil ducados, y otras joyas valiosas, valiosísimas. ¡Ojalá viera a mi hija muerta a mis pies, con las joyas en las orejas! ¡Ojalá la viera en su ataúd, y los ducados dentro! Y de ellos no hay noticia, ¿eh? ¡Con lo que va gastado en la busca! ¡Ay, tú, pérdida tras pérdida! El ladrón se lleva tanto, y tanto para encontrar al ladrón. Y no hay satisfacción, ni venganza, ni más desgracia que la que cae sobre mis hombros, más suspiros que los de mi boca, más lágrimas que las de mis ojos.
TÚBAL
Otros también sufren desgracias. Antonio, me lo han dicho en Génova…