El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Uno de ellos me enseñó un anillo que tu hija le había cambiado por un mono.
SHYLOCK
¡Así se condene! Me estás martirizando. Era mi turquesa; me la dio Líah antes de casarnos. Yo no la habría dado por toda una selva de monos.
TÚBAL
Pero Antonio está arruinado.
SHYLOCK
Sí, es verdad, es verdad. Vamos, Túbal, contrátame un guardia, avísale quince días antes. Le sacaré el corazón como no pague, que, sin él en Venecia, yo puedo hacer los negocios que quiera. Vamos, Túbal. Nos vemos en la sinagoga. Vamos, buen Túbal; en la sinagoga, Túbal.
Salen.