El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Querida Porcia, son de las palabras
más ingratas que papel hayan manchado.
Gentil señora, al declararos mi amor,
os dije con franqueza que toda mi fortuna
corría por mis venas: era un caballero
y era verdad. Y, sin embargo, señora,
veréis que valorar en nada mi fortuna
era pura jactancia. Cuando os dije
que nada poseía, debí deciros
que tenía menos que nada, pues lo cierto
es que estoy endeudado con un buen amigo,
a quien he endeudado con su peor enemigo
para ampliar mis recursos. Señora,
esta carta es como el cuerpo de mi amigo
y cada palabra una herida abierta
que mana sangre de vida.— Pero, ¿es cierto, Salerio?
¿Fracasado todo su comercio? ¿Ni un solo éxito?
¿De Trípoli, Méjico, Inglaterra,
de Lisboa, la India y Berbería,
y ni un solo barco ha escapado a esas rocas
que son terror de mercaderes?
SALERIO
Ni uno, señor. Además, parece ser
que, aunque tuviera dinero contante
para el pago, el judío no lo quiere.
Jamás he visto un ser de forma humana