El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia ¡Oh, no, no, no, no! Cuando digo que vale mucho quiero denotaros que es solvente. Claro que sus bienes son supuestos: tiene un galeón rumbo a Trípoli, otro a las Indias, y dicen en el Rialto[17] que tiene un tercero en Méjico, un cuarto camino de Inglaterra, más todo el comercio que dispersa por ahí. Pero los barcos son tablas, y los navegantes, hombres; y hay ratas de tierra y ratas de agua, ladrones de tierra y ladrones de agua[18] (quiero decir piratas), y luego está el peligro de los mares, los vientos y las rocas. Sin embargo, el hombre es solvente. Tres mil ducados… Creo que puedo aceptar su garantía.
BASANIO
Podéis estar seguro.
SHYLOCK
Me aseguraré de que puedo y para asegurarme lo consideraré. ¿Puedo hablar con Antonio?
BASANIO
Si tenéis a bien cenar con nosotros…
SHYLOCK
Sí, para oler la carne de cerdo y comer del cuerpo que alojó al demonio por conjuro de vuestro profeta de Nazaret[19]. Con vosotros compraré, venderé, hablaré, pasearé y así sucesivamente; pero con vosotros no comeré, ni beberé, ni rezaré.— ¿Alguna novedad en el Rialto? ¿Quién viene ahí?
Entra ANTONIO.