El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia el simple trato, y, por juego,
si no me reembolsáis en tal dÃa y tal lugar
la suma convenida en el acuerdo,
la pena quedará estipulada
en una libra cabal de vuestra carne
que podrá cortarse y extraerse
de la parte del cuerpo que me plazca.
ANTONIO
Acepto. Firmaré el trato y diré
que el judÃo rebosa de bondad.
BASANIO
Por mà no firmarás un trato asÃ.
Antes seguiré con mi penuria.
ANTONIO
Vamos, no temas, que lo cumpliré.
De aquà a dos meses, un mes antes
de que venza, espero la llegada
de tres veces tres el valor del trato.
SHYLOCK
¡Ah, padre Abrahán, lo que son estos cristianos!
Su aspereza les enseña a recelar
de intenciones ajenas. Decidme:
si él no cumple lo pactado, ¿yo qué gano
exigiendo la sanción? Una libra de carne
sacada de un cuerpo humano
no vale tanto ni produce
como la de vaca, oveja o cabra. OÃdme: