El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia con aliento contenido y humilde susurro,
os diga: «Gentil señor,
el miércoles pasado me escupisteis,
tal día me disteis de patadas, tal otro
me llamasteis perro y por tanta cortesía
aquí tenéis tantos dineros»?
ANTONIO
Volvería a llamarte perro,
escupirte y darte de patadas.
Si vas a prestar ese dinero, no lo prestes
como amigo, pues, ¿cuándo la amistad
sacó fruto de metal infructuoso?
Préstalo más bien como enemigo:
si se arruina tu deudor, podrás
exigir la pena sin reparos.
SHYLOCK
Pero, ¡cómo os sulfuráis! Quiero ser
amigo vuestro y gozar de la amistad,
olvidar los ultrajes que me habéis infligido,
atender vuestra necesidad sin llevarme
ni un ochavo de ganancias, y no me escucháis.
Ofrezco bondad.
BASANIO
Bondad sería.
SHYLOCK
Bondad que mostraré:
venid conmigo al escribano y me firmáis