El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia es como un canalla de cara sonriente
o hermosa manzana podrida por dentro.
¡Qué buena presencia tiene la impostura!
SHYLOCK
Tres mil ducados; buena suma.
Tres meses de doce… A ver la tasa.
ANTONIO
Bueno, Shylock, ¿vamos a quedarte agradecidos?
SHYLOCK
Signor Antonio, una y otra vez
me habéis injuriado en el Rialto
por mis dineros y ganancias.
Yo siempre lo soporto encogiéndome de hombros,
que la paciencia es la señal de nuestro pueblo.
Me llamáis infiel y perro carnicero,
me escupís en mi capa de judío[24],
y todo por usar lo que es mío propio.
Pues bien, parece ser que ahora os hago falta,
y, cómo no, venís a mí diciendo:
«Shylock, queremos dineros», me decís.
Vos, que la barba me pringáis de escupitajos,
que me apartáis a puntapiés como a perro
ajeno en vuestro umbral; vos me pedís dineros.
Pues no sé qué decir. ¿No debía decir?:
«¿Tienen dinero los perros? ¿Es que un perro
puede prestar tres mil ducados?».
¿O queréis que me incline y, en tono servil,