El Rey Lear

El Rey Lear

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

EDGARDO.—(A parte.) ¿Cómo puede haberle ocurrido tal desgracia? Muy triste papel es fingirse hombre alocado a fuerza de pesares, y afligir a los demás afligiéndose a sí propio. Dios te guarde, señor.

EL CONDE DE GLOUCESTER.—¿Es, ese desgraciado desnudo?

EL ANCIANO.—Sí, señor.

EL CONDE DE GLOUCESTER.—Si en consideración a tu antiguo afecto quieres conducirnos a dos millas de aquí, camino de Douvres, préstame este servicio; pero antes ve a buscar algunas ropas con qué cubrir la desnudez de ese desdichado, y le suplicaré que me guíe.

EL ANCIANO.—¡Ah, señor! ¡Está loco!

EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Desastrosos tiempos en que los locos sirven de guía a los ciegos! Haz lo que te mando, o mejor dicho, lo que quieras; pero, sobre todo, buen anciano, retírate, déjanos solos.

EL ANCIANO.—Voy a traer mi mejor capa, y vuelvo al instante. (Sale.)

EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Cómo, desdichado, vives desnudo!

EDGARDO.—El pobre Tom se muere de frío. (Aparte.) No puedo fingir más.

EL CONDE DE GLOUCESTER.—Ven, acércate.

EDGARDO.—Y sin embargo, aún debo disimular. Buen anciano, dígnese el cielo curar tus malogrados y sangrientos ojos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker