El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE GLOUCESTER.—Hay allí una montaña cuya frente avanza y se inclina sobre el mar, que le baña los pies con su espuma. Llévame hasta la última extremidad de su cima. Poseo un objeto de gran valor cuyo precio remediará la miseria que te abate. Una vez allí, ya no necesitaré guía.
EDGARDO.—Dame tu brazo; el pobre Tom te conducirá. (Salen.)