El Rey Lear

El Rey Lear

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

EL DUQUE DE ALBANIA.—¡Los ojos de Gloucester!

EL MENSAJERO.—Un criado, poseído de indignación, queriendo oponerse a su designio, levantó la espada contra el pecho de su señor, que se ha lanzado contra él; la duquesa ha secundado a su esposo, y el criado cayó muerto a sus pies; pero el duque había recibido una herida mortal que le ha llevado a la tumba.

EL DUQUE DE ALBANIA.—Eso demuestra la existencia de jueces invisibles que desde las alturas vengan prontamente los crímenes que el hombre comete en la tierra. Pero, ese desdichado Gloucester, ¿perdió también el otro ojo?

EL MENSAJERO.—Los dos, monseñor. Esta carta, señora, exige inmediata contestación; es de vuestra hermana.

GONERIL.—(Aparte.) Por un lado, la noticia me agrada; pero si mi hermana, viuda ya, se casa con mi Gloucester, que a estas horas se encuentra a su lado, puede derrumbar sobre mi cabeza todo el edificio que he levantado en mi imaginación. Por otro lado, la noticia no es tan desagradable. Voy a leer y a contestar esta carta. (Sale.)

EL DUQUE DE ALBANIA.—¿Y dónde estaba su hijo, mientras le arrancaban los ojos?

EL MENSAJERO.—Vino aquí, acompañando a la duquesa.

EL DUQUE DE ALBANIA.—Pero ya no está.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker