El Rey Lear
El Rey Lear Campo en los alrededores de Douvres
Entran el CONDE de GLOUCESTER y EDGARDO vestido de Campesino.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¿Cuándo llegaremos a la cima de aquella montaña?
EDGARDO.—Ahora empezamos a subir; dÃgalo nuestro cansancio.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Me parece que aún ando por la llanura.
EDGARDO.—¡Horrible precipicio! Escuchad; ¿oÃs el rugido del mar?
EL CONDE DE GLOUCESTER.—No, nada oigo.
EDGARDO.—Por fuerza el dolor de la privación de la vista debilitó vuestros demás sentidos.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Es posible. Hasta me parece que tu voz ha cambiado; hablas con más nobleza; te expresas mucho mejor que antes.
EDGARDO.—Os engañáis; nada ha cambiado en mÃ, a no ser el traje.
El CONDE DE GLOUCESTER.—No hay duda; tu lenguaje es más distinguido.
