El Rey Lear
El Rey Lear EDGARDO.—Consuélate y ten paciencia. Mas ¿quién viene?
Entra LEAR, ridÃculamente coronado de flores.
¿Quién es? Nunca hombre cuerdo se mostró con tan extravagante atavÃo.
LEAR.—No, no pueden condenarme por acuñar moneda; soy el rey en persona.
EDGARDO.—¡Desgarrador espectáculo!
LEAR.—En esto la naturaleza sobrepuja al arte. Ahà tienes el dinero de su contrata. Ese pÃcaro sostiene su arco a manera de espantajo; dadme una vara de medir. ¡Mirad, mirad, un ratoncillo! ¡Silencio! ¡Silencio! ¡Este pedazo de queso tostado bastará! ¡Apenas sirve para espantar a las cornejas! Ahà va mi guante; quiero ensayarlo en un gigante. Traed las hachas de batalla. ¡Oh! ¡Oh! ¡Vuelas admirablemente, pájaro! ¡En el blanco, en el blanco! ¡Oh! ¡Oh! ¡Dad la consigna!
EDGARDO.—¡Bienhechora mejorana!
LEAR.—Pasa.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Yo conozco esa voz.