El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—¡Ah, Goneril! ¡Con una barba blanca! ¡Adulábanme como a un perrillo faldero; decíanme que tenía en la barba pelos blancos, aun antes de tenerlos negros! ¡Contestaban sí y no a cuanto les decía! Cuando la lluvia se infiltró en mis huesos, y el viento me estremecía y el trueno desoía mis órdenes, entonces las conocí y comprendí lo que eran. ¡Bah! ¡Bah! No tienen palabra. Decíanme que yo era todopoderoso; mentira; ni aun puedo resistir a la fiebre.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Los sonidos y el acento de esa voz no me son desconocidos; ¿es, acaso, el rey?