El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE KENT.—Da, si quieres, la muerte a tu médico; pero al menos emplea en curar tu mal funesto el salario que le hubieses dado. Revoca tu decreto de partición, o mientras mis labios puedan articular una palabra, diré que obras mal.
LEAR.—Escucha, rebelde. Has intentado hacernos violar nuestro juramento, a lo cual nunca nos habÃamos atrevido. Cediendo a un obstinado orgullo, has procurado interponerte entre nuestro decreto y su ejecución. Nuestro carácter y nuestro rango no pueden tolerar el primero de estos excesos, ni todo nuestro poder lograrÃa legitimar el segundo. Recibe tu salario, pues. Te concedemos provisiones para que te alimentes durante cinco dÃas, pero al sexto habrás de salir de nuestro reino, y si el décimo dÃa tu cuerpo se encontrase en el recinto de nuestros dominios, será aquel momento el de tu muerte. Huye. ¡Por Júpiter! No esperes que revoque mi sentencia.