El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE KENT.—¡Sé feliz, oh rey, adiós! Ya que asà quieres portarte, la libertad está lejos de tu presencia, y a tu lado el destierro. (A CORDELIA.) Joven, ¡protéjante, los dioses, ya que piensas con justicia y hablas con cordura! (A REGAN y a GONERIL.) Y vosotras, ¡ojalá vuestras acciones respondan al énfasis de vuestros discursos, y vuestras protestas de ternura queden justificadas por los efectos! De esta suerte, ¡oh prÃncipes! se despide de vosotros Kent, transportando su vejez a nueva patria y entregándose, en su edad, a nuevas costumbres. (Sale.)
Entra el CONDE de GLOUCESTER con el REY de FRANCIA, el DUQUE de BORGOÑA y su séquito.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Noble soberano! He aquà a los prÃncipes de Francia y de Borgoña.
LEAR.—Duque de Borgoña: a vos dirigimos nuestras primeras palabras, a vos que os declarasteis rival del rey de Francia en demanda de la mano de nuestra hija. ¿Qué dote exigÃs con su persona? ¿Qué negativas paralizarÃan vuestros amorosos intentos?
EL DUQUE DE BORGOÑA.—Noble rey: no pido más que lo que vuestra alteza ofreció, y vos no querréis, ciertamente, cercenar nada de vuestras ofertas.