El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—Noble duque de Borgoña, mientras nos fue cara, la estimábamos digna de esa dote; pero hoy ha desmerecido mucho en precio. Vedla ante vos, señor: si alguna parte de su mezquina persona, o su persona entera, con nuestra aversión por añadidura, os conviniera y agradara, sin más acompañamiento, podéis tomarla, vuestra es.
EL DUQUE DE BORGOÑA.—No sé qué contestar.
LEAR.—Podéis tomarla con las desgracias inherentes a ella, desheredada de mi cariño, y adoptada recientemente por mi odio, dotada con mi maldición y proscripta de mi familia por juramento inviolable.
EL DUQUE DE BORGOÑA.—Perdonad, señor; una elección no se determina sobre semejantes condiciones.
LEAR.—Pues bien, señor, dejadla; pues, por la potencia que me creó, acabo de exponeros toda su fortuna. (Al REY de FRANCIA.) En cuanto a vos, ¡oh gran rey! no quisiera yo que vuestro amor os cegase hasta el punto de casaros con el objeto que odio. AsÃ, pues, os conjuro que llevéis vuestra inclinación a otro objeto más digno que una desventurada de quien la misma naturaleza se avergüenza.