El Rey Lear
El Rey Lear EDGARDO.—No quiero ser menos generoso que tú. Mi sangre es tan ilustre como la tuya, Edmundo, y si lo es más, mayor fue tu injusticia. Me llamo Edgardo; hijo soy de tu padre. Los dioses son justos; con nuestros vicios favoritos forman el azote que nos castiga; el crimen tenebroso que te dio vida, ha costado los ojos a tu desdichado padre.
EDMUNDO.—Dijiste verdad, lo reconozco; la rueda de mi destino ha dado la vuelta, y asà me veo yo.
EL DUQUE DE ALBANIA.—No me engañé al juzgar que tu exterior anunciaba sangre noble. ¡Deja que te abrace! ¡Rompa el pesar mi corazón si nunca os aborrecà a ti y a tu padre!
EDGARDO.—Lo sé, digno prÃncipe.
EL DUQUE DE ALBANIA.—¿Dónde te ocultaste? ¿Cómo llegaron a tu noticia las desventuras de tu padre?