El Rey Lear
El Rey Lear EL REY DE FRANCIA.—Hermosa Cordelia, vuestra falta de fortuna os hace más rica a mis ojos. Cuanto más os abandonen, más preciosa sois; cuanto más os desdeñen, más digna sois de amor. Tomo vuestra persona y vuestras virtudes; séame permitido adquirir el tesoro que los demás desprecian. ¡Oh dioses! por un contraste extraño, su frialdad y sus desdenes encienden más mi amor, exaltándolo hasta la idolatrÃa. ¡Oh rey! tu hija sin dote y abandonada, como al azar, a mi elección, es mi reina, la reina de mis vasallos y de nuestra hermosa Francia. Todos los duques de la húmeda Borgoña no lograrÃan rescatar de mà esa joven rara e inapreciable. Cordelia, despedios de ellos; aun cuando os maltrataron, en otra región hallaréis algo más de lo que perdéis aquÃ.
LEAR.—Tuya es, rey de Francia; tómala entera. Por mi parte, no tengo hija de tal especie, ni mis ojos volverán a posarse en su rostro. AsÃ, pues, sal de nuestra corte, sin nuestra gracia, sin nuestro cariño y sin nuestra bendición. Venid, noble duque de Borgoña.
Marcha militar. Salen LEAR y el DUQUE de BORGOÑA.
EL REY DE FRANCIA.—Despedios de vuestras hermanas.